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Cuenta la historia que la partida de nacimiento de la caja china tiene raíces caribeñas. Que la falta de gas, energía eléctrica, un hambre de los mil demonios y un trozo de carne comprado en el mercado negro se juntaron para crear el horno portátil.

¿Y por qué se llama caja china si se bautizó bajo cocoteros? Fácil. Porque un vecino envidioso y tira dedo le preguntó al paisa parrillero por el origen del novedoso aparato. Entonces, atribulado por las posibles represalias por no patentar su invento en el Partido o que las preguntas fueran hasta el origen del costillar, el noble creador del invento no tuvo mejor salida que decir “¿esto? ¿Esto, pero si esto es chino hermano?

Al menos esa es la versión que nos da Juan Talledo, eximio cocinero y constructor de cajas chinas en el Perú y balnearios. Si todavía no se ha dejado tentar por la peculiar cocción que proporciona este invento de marras, pues Mistura será una oportunidad de lujo para aprender las artes de este proceso rural y antiquísimo que hoy es llevado a las urbes gracias a cocineros como Juan.

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